Pedimos disculpas por haber roto una tradición tan sólida, pero en la humildad de nuestro oficio de artesanos hemos cocido y tejido con sus palabras nuestro canto y cuidado su poesía con el rigor y la delicadeza de irreducibles alquimistas enamorados.

con
Augusta Balla, Daniele Bernardi, Giorgia D’Agostino, Andrea Fardella, Silvia Genta, Michele Guaraldo, Viviana Gysin, Simone Martino, Camilla Parini, Maria Porter, Paola Raho, Fulvia Romeo, Damian Soriano, Carlo Verre, Freddy Virgolini, Valentina Volpatto, Sturmius Wittschier.

escenografia
teatro delle radici
Luca Minotti
colaboradores
Maria Cascio
Gabriele Genini
Pierfranco Sofia
Delfino Palo
fotografia
Stefano Roggero
Camilla Parini
asistencia de dirección 
Bruna Gusberti

dirección e dramaturgia
Cristina Castrillo

“Shakespeariana” es un acercamiento a la obra de William Shakespeare, a su mundo poético, a sus imagenes.
No era nuestra intención poner en escena una obra o pedazos de obras del autor; sino intentar recoger aquellos elementos que, para nuestra mirada, constituian una personal manera de escribir sobre la propia realidad para convertirse en potente metáfora del mundo contemporáneo.
Riafermando el valor expresivo encerrado en un gesto, en una composición de movimientos, en una imagen física, en una palabra, nos sumergimos en tres argumentos fundamentales con los cuales el autor ha construido su obra, así como los hombres han construído la propia existencia: poder, violencia y amor.
A partir de climas, atmósferas relacionales, choques, traiciones, soledad, facilidad de la muerte, imposibilidad de afectos duraderos o sentimientos extremos, otra obra apareció, obra que Shakespeare nunca escribió, pero que no existiría sin él. De hecho, la estructura textual del espectáculo contiene sólo y exclusivamente frases de sus obras, de todas las obras incluído los sonetos.

Hemos imaginado un grupo de actores transhumantes, de aquellos que Shakespeare amaba tanto, llegar a un castillo para representar sus obras o la “realidad” que un príncipe necesita ver representada.
En algún momento hemos pensado que el teatro podía donarnos un instante de conciencia sobre la vida y los hombres, sobre sentimientos que a veces la vida misma nos niega. No hemos respetado la lógica de su obra pero hemos deseado que aquel grande teatro del mundo que acompañó su escritura nos envolviera percibiendo la existencia como un enorme escenario y las personas como simples instrumentos de un autor o del poder o del destino. En el marco de esta representación antigua, las situaciones se volvieron el espejo con el cual reflexionar sobre aquellos mismos mecanismos de impunidad, de intrigas, de violencia y de ausencia de sentimientos con los cuales el mundo de hoy todavía no ha terminado de hacer las cuentas.

Visto así, Shakespeare nos ha parecido no como un mito de la dramaturgía universal, sino como la voz alerta que repite y constata el hoy: ese testimonio sobre nuestro ahora que es imprescindible no dejar en el olvido.
Visto así, Shakespeare podría hablarnos no desde un siglo desaparecido sino desde una realidad viva y dolorida.